Delirios

Tuve la suerte de conocer a Mario Benedetti allí mismo en su país natal, Uruguay. De casualidad, paseando por las calles céntricas de Montevideo, en una librería, vi un cartel donde anunciaba que esa misma tarde había la firma de libros del escritor uruguayo. De Benedetti había leído sólo una novela, pese a que su literatura suele ser más de poesía y reflexiones. Leer los textos de Benedetti son un regalo para la vida. Y, como no, unas reflexiones en las que sentirnos reflejados, sea de jóvenes o de mayores. Su última publicación fue en 2007, “Vivir adrede”. He extraído un texto cuyo contenido puede resultarnos familiar para muchos… para otros tal vez no.
DELIRIOS
“Es bueno de vez en cuando tener delirios. Vienen con su poquito de locura, de enajenación, pero no importa. En ciertas fases nos hacen perder el tino, quizá porque el tino suele ser tedioso.
Los delirios nos sacan del mundo cotidiano, nos arrojan en brazos de la desmemoria, y así, sin la menor prevención disfrutamos del olvido.
Por una vez (¡y qué excepción!) saltamos por encima de esa valla llamada horizonte y nos abrazamos con otros delirantes que nos inventan nombres y destinos.
Los delirantes pasamos al lado de la muerte y le hacemos un guiño. Nos movemos como si fuéramos eternos, sin tomar precauciones, más o menos sonámbulos, festejeando los rayos y los truenos, y mirando a través de la lluvia.
Los delirios son premios, vida entre paréntesis, pero cuando el paréntesis se cierra y regresamos a lo cotidiano, a lo cabal, a lo de siempre, sentimos entre pecho y espalda una aguda nostalgia del delirio.”
Benedetti, Mario; Vivir adrede; ed: Alfaguara, 2007